sábado, 21 de marzo de 2015

So lost without you.

A veces, solo a veces, alguien te abraza tan fuerte que parece que todas tus heridas están a punto de sanar. Cómo es posible que una mirada sea capar de romper todo un pasado de oscuridad, perdidos en el infierno de nuestra propia mente, cómo es posible que con solo una palabra de unos labios, todo nuestro mundo se derrumbe y se rinda a esa sonrisa ansiosa. Incesante. Astuta. Rompedora.

Por fin alguien ha recogido tus escombros y los ha hecho brillar; ahora al menos sabes que tus pies se tambalean, que tus labios tiemblan, y tu cabeza se pierde cuando le ves aparecer. Como una ráfaga inestable e inesperada de aire fresco, en una mañana de verano.

Y es que, lo sabes. Los amaneceres nunca serán tan bonitos como verle sonreír; los atardeceres nunca serán tan fríos como verle ir. Porque nada es igual cuando él no está, y todo parece sacado de un sueño cuando se pone a hablar. Porque de repente, cada acorde me recuerda a su vida llena de locuras, y me doy cuenta que la canción que más me gusta en el mundo, es su voz.

Pasa el tiempo, pero para ti siempre será ese octubre nublado, en el que te diste cuenta de que las cosas buenas siempre están detrás de un puñado de nubes; cuando comenzaste a creer que hay alguien que puede salvarte, que puede hacerte feliz, y por quien puedes disparar sin mirar a quien sea, si ves que sus ojos comienzan a llover.

Y, de nuevo, los relojes se paran, la música suena, sus ojos te miran, misteriosos, atentos, insaciables. Y comprendes que nunca has estado más perdida que cuando no estaba alrededor para guiarte en tu vida destinada al desastre. Y, te das cuenta de una puta vez que sus brazos son el único hogar que conoces después de que decidiste tirar todo por la borda.


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