martes, 7 de octubre de 2014

Besos.

¿Cómo puede ser que un sencillo beso sea capaz de sanar todas tus heridas? ¿Cómo algo así, tan efímero, rápido y fugaz puede ser el bálsamo para tus cicatrices aún enrojecidas? ¿Por qué un beso te puede transportar de repente a la vida que siempre soñaste, donde te encuentras a salvo de todos los tiburones que te rodean?
Es difícil explicar algo tan abstracto. Es difícil saber por qué alguien que aparece rompiendo todos tus esquemas, es capaz de regenerar lo perdido. No sabes en que mundo vives, qué día es, qué hora. Solo sabes que quieres volver a quedarte prendada de esas pupilas negras que se dilatan cuando te miran a los ojos. Solo quieres que esos labios te atrapen una vez más, y te hagan volver a soñar en la eternidad de las noches, en recuperar la sonrisa que perdiste ya hace tiempo. Sientes que de un día a otro, tu carga que con tanto esfuerzo llevaste se vuelve ligera como una pluma. Porque alguien te está ayudando, alguien te está abrazando tan fuerte que ni el más poderoso atisbo de peligro podrá hacerte caer.

Es curioso como la vida nos pone ante curiosas tesituras. Un día te sientes tan sola que tienes la sensación que los fantasmas que rondan tu cabeza acabarán contigo de una vez por todas. Y al siguiente te encuentras atrapada en el sueño placentero de amanecer con una mano acariciándote la espalda. Sin haberlo pedido y habiéndolo encontrado. Sus ojos te miran, y tienes la sensación de que te puedes transportar a París con solo mirarle. Puede que sea amor, un capricho, una luz fugaz y pasajera. Puede que solo te acompañe durante un milisegundo en tu vida abocada al desastre. Pero sabes, en ese preciso momento comprendes, que parece que ya no quiere llover.


"Se enamoró como se enamoran las chicas inteligentes: como una idiota".

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