La mayoría de las personas de una edad considerable en este planeta opinan que por el hecho de ser jóvenes, debemos ser felices. Que, según ellos, no tenemos preocupaciones, problemas u ocupaciones que no puedan ser resuelta con una buena película de pizza, amigos y helado. Que las lágrimas que caen por nuestras mejillas no merecen tener consideración alguna, puesto que sencillamente somos personas sin aún carencias afectivas, que no necesitamos ayuda porque no la pedimos. Y por este simple hecho, ignoran los gritos de nuestros pensamientos, acudiendo al ya utilizado argumento de 'aún no tenéis madurez'.
Lo que no saben es que en estos años, se libran más guerras que batallas día a día. O quizá lo saben, pero decidieron que era mejor olvidar aquellos años de instituto y universidad. Cuando el sol parecía brillar más alto, pero sin duda, solo querías que se escondiese para permanecer en la oscuridad. Tu oscuridad. Dónde nadie, ni si quiera tú misma, puedes oír tus lamentos.
Todos los jóvenes somo héroes de una guerra que solo existe en nuestro mundo, callada por muchos, respondida por pocos. Un mundo dónde se permite que nos exploten, que nos callen y que nos digan lo que tenemos que hacer sin tener control sobre nosotros mismos, mientras los fantasmas nos persiguen a todas horas, sin que nadie ni nada nos pueda salvar. Solo nosotros mismos. Solo, quizá cuando crezcamos un poco más. Cuando por miedo olvidamos el infierno en que a veces se convierte ser joven, las decisiones tan difíciles que hay que tomar y las noches sin dormir por pensar, que nunca fueron reconocidas, que nunca fueron subsanadas por una mano en el hombro que te decía que pronto todo estaría bien.
Quizá aún no sepamos lo que está bien ni lo que está mal. Pero nadie puede afirmar que ser joven es fácil. Porque no lo es. Y aunque cantemos esa conocida canción a pleno pulmón, la que dice que deberiamos ser jovenes eternamente, sinceramente, creo que por una vez podríamos leer entre líneas su verdadero significado.
No hay vida sin sacrificio, no hay felicidad sin tormenta.
Bienvenidos a nuestro mundo.
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