lunes, 13 de octubre de 2014

Lluvia.

Las gotas caen sobre el cristal a un ritmo uniforme, como si hubiesen estado simétricamente planeadas por un diabólico plan. El cielo color ceniza se asemeja al de mi cara que se mira a si misma en la ventana, difuminada por la lluvia. Como si de un cuadro antiguo y barroco se tratase. Como si de la noche a la mañana, la felicidad hubiese sido robada de un plumazo, sin darme apenas cuenta. Como si echar de menos a alguien fuese la peor de las maldiciones. Lo son, lo pueden ser.
Un día leí una frase: 'Amar es destruir', en un libro de Cassandra Clare. Hasta hoy, no me doy cuenta de la certeza de esa frase. Me doy cuenta que hay sacrificios que ojalá no hubiese que hacerlos. ¿Compensa estar lejos de los tuyos, y fuera de tu sitio por amor a algo? ¿Compensa destruir cada palabra no dicha, cada promesa no cumplida? Al fin y al cabo es por amor. Y ahora solo me veo a mi misma igual que las diminutas gotas de lluvia en este día de otoño, perdida y cayendo sin control, sin nadie que me salve ni que pueda evitar que desaparezca, porque yo sola decidí precipitarme al abismo.
Y ahora ya no puedo mirar fotografías antiguas, porque duele no poder abrazar. Duele no poder hacerlo en una semanas, en unos meses, pero más duele aún no poder sostener la mano a alguien que se fue para siempre, mientras te despiertas cada mañana pensando que todo ha sido una dura y cruel pesadilla; te preguntas por qué tu subconsciente te juega malas pasadas al hacerte soñar que nadie se ha ido para no volver, y que le estoy sosteniendo la mano a mi ángel.

Madurar es una palabra inventada por aquel a quien le dolió crecer. Si me diesen la opción, yo elegiría ser como Peter Pan en el país de Nunca Jamás. Correr, caer, volar, y nunca pensar. Pero ahora, aquí estoy mirando el cielo caer, esperando volver, deseando no romper aquello por lo que aposté. Un corazón roto puede ser sanado; un corazón insatisfecho no puede ser curado, por la ignorancia que causa el no querer saber que la vida transcurre, y tu transcurres con ella, en una espiral de días grises que no cesan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario