Las gotas caen sobre el cristal a un
ritmo uniforme, como si hubiesen estado simétricamente planeadas por
un diabólico plan. El cielo color ceniza se asemeja al de mi cara
que se mira a si misma en la ventana, difuminada por la lluvia. Como
si de un cuadro antiguo y barroco se tratase. Como si de la noche a
la mañana, la felicidad hubiese sido robada de un plumazo, sin darme
apenas cuenta. Como si echar de menos a alguien fuese la peor de las
maldiciones. Lo son, lo pueden ser.
Un día leí una frase: 'Amar es
destruir', en un libro de Cassandra Clare. Hasta hoy, no me doy
cuenta de la certeza de esa frase. Me doy cuenta que hay sacrificios
que ojalá no hubiese que hacerlos. ¿Compensa estar lejos de los
tuyos, y fuera de tu sitio por amor a algo? ¿Compensa destruir cada
palabra no dicha, cada promesa no cumplida? Al fin y al cabo es por
amor. Y ahora solo me veo a mi misma igual que las diminutas gotas de
lluvia en este día de otoño, perdida y cayendo sin control, sin
nadie que me salve ni que pueda evitar que desaparezca, porque yo
sola decidí precipitarme al abismo.
Y ahora ya no puedo mirar fotografías
antiguas, porque duele no poder abrazar. Duele no poder hacerlo en
una semanas, en unos meses, pero más duele aún no poder sostener la
mano a alguien que se fue para siempre, mientras te despiertas cada
mañana pensando que todo ha sido una dura y cruel pesadilla; te
preguntas por qué tu subconsciente te juega malas pasadas al hacerte
soñar que nadie se ha ido para no volver, y que le estoy sosteniendo
la mano a mi ángel.
Madurar es una palabra inventada por
aquel a quien le dolió crecer. Si me diesen la opción, yo elegiría
ser como Peter Pan en el país de Nunca Jamás. Correr, caer, volar,
y nunca pensar. Pero ahora, aquí estoy mirando el cielo caer,
esperando volver, deseando no romper aquello por lo que aposté. Un
corazón roto puede ser sanado; un corazón insatisfecho no puede ser
curado, por la ignorancia que causa el no querer saber que la vida
transcurre, y tu transcurres con ella, en una espiral de días grises
que no cesan.
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