miércoles, 10 de junio de 2015

In my veins.

Existen historias, momentos, recuerdos o personas que nos hacen daño. Existen espinas clavadas que no dejan de hacerte sangrar, más y más cuando te empeñas en sacarla de tu pecho. Existen despedidas, sonrisas y lágrimas, que hieren como una bala de acero caliente en un cuerpo congelado de un invierno eterno.
Sin embargo, existen cosas peores. Peor que un adiós, peor que dejar ir, peor que perder a alguien. Una de esas cosas, es echar de menos. 
Porque cuando echas de menos, no hay pérdida total. Alguien te falta, o algo necesitas, que sabes que está ahí, pero a la vez está a años luz de distancia. Es como un vacío inexistente, como un vaso medio vacío, y como una historia de la que se olvidaron de contar el final. 
Cuando echas de menos, olvidas quién eres, y sólo eres capaz de identificarte en esas fotos que cuelgan de una pared en blanco. Dónde sabías que la vida estaba al lado de las personas a las que sostenías de la mano. Amigos, familiares. Todos aquellos que en algún momento fueron la causa de tu risa.
Cuando echas de menos, haces todo lo posible por no pensar, y encerrarte en las telarañas de tu mente que hacen temblar tu labio inferior. Intentas desorientar a tu mente para que no le de vueltas a todo lo que hiciste mal, pero también a todo lo que hiciste bien. 
Cuando echas de menos, intentas no recordar los kilómetros, intentas no recordar las miradas perdidas en la pantalla de un móvil, e intentas no acordarte de lo que has ganado, pero también de lo mucho que has perdido.
Porque cuando echas de menos, algo está muriendo en ti. Como si estuviésemos condenados a un olvido que no llega. Sentenciados por la estupidez humana de tener recuerdos, o seguir luchando por volver a esas miradas de complicidad, a dar un abrazo a alguien que no va a volver, o volver sostener la mano de alguien que te dijo que seríamos nosotros contra el mundo. 


"Me gustaría poder  decirte,
que ya fuiste,
que ya no serás.
Pero algo dentro de mí,
grita,
que todavía eres,
aunque ya no estés" - Benjamin Griss.

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