miércoles, 21 de enero de 2015

Those days.


Y, de repente, todo se derrumba. Hasta el más alto rascacielos se ha venido abajo. Todo en lo que creías y todo lo que querías ya no existe. Y sientes como si te hubiesen disparado más de una vez por un arma que tú misma cargaste. Es peor que una puñalada por la espalda. Es peor de todo lo que hubieses imaginado que podría ser pasar por algo parecido.
Gritas, piensas, lloras y te desesperas. Todo en silencio. Todo en las noches en vela en las que ya no sabes que hacer con tu vida. Solo mirar al techo cubierto por la oscuridad de una luz apagada, y por los ojos empañados de recuerdos que parecen no querer volver. Te sientas, te tumbas, te levantas y vuelves a caer. A caer en la cuenta de que todo lo que hiciste, todo lo que diste y aquello por lo que luchaste con todas tus fuerzas se ha derrumbado, y no puedes hacer nada por salvarlo.
Estás ahogada en una lámina en blanco, intentas nadar a la superficie de tus propias lágrimas que se acumulan en tu garganta y no te dejan respirar. Lo único que sabes y puedes hacer es culparte por todo lo que pasó, por cómo pasó y por qué estás sentada delante de un espejo, avergonzándote de ti misma y de tu propia existencia.

Sientes. Sientes una espina en el costado, que es orgullo y culpa, que es dolor y adiós. De ti y de mi. Quieres. Quieres luchar con todas tus fuerzas contra todos tus demonios que intentan ponerte una soga al cuello para asfixiarte en medio de páginas y páginas de recordar.
Olvidas. Olvidas cómo te sentías bien, olvidas la ilusión, olvidas que eras feliz, pero no olvidas todo lo que tratas de dejar atrás, y por supuesto, olvidas las noches en las que podías dormir.
Rompes. Tratas de romper todas las fotos, que ahora parecen estar colocadas simétricamente obra de alguien que quiere hacerte daño. Y rompes toda la ilusión que había en tu interior, cambiada ahora por esa fría y oscura decepción, frustración.

Otro día que empieza, pero para ti, ya ha acabado todo, tratando de buscar las piezas que cayeron y que se rompieron al rozar con el suelo, para volver a juntarlas a pesar de todo. Porque al fin y al cabo eso es la vida. Tratar de recomponer aquello que nos hizo mil pedazos. Pero por mucho que lo intentes, no puedes intentar reparar aquello que ya está roto.

"Que al final, eso es la vida. Una puta desdentada y oscura, que nos jode a todos por igual".



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