lunes, 18 de enero de 2016
¿Recuerdas la última vez que fuimos libres?
Tenemos una curiosa forma de considerarnos seres libres. ¿Somos libres por vivir de una determinada manera, por estar con determinadas personas? La libertad no solo se rige por nuestros actos, sino más bien por nuestra forma de pensar.
A veces, somos nosotros mismos quienes construimos jaulas de las que no podemos escapar. Los prejuicios atan nuestra mente hasta límites insospechados. La intolerancia nos hace ser presos de nuestras propias cadenas. ¿Para qué presumes de ser libre con acciones si luego no eres capaz de liberar tu mente? No se es más libre por estar soltero o en pareja, ni por publicar tu vida en las redes sociales, atento a cada 'Me gusta', necesitando ese sonido en el móvil, como cocaína para el drogadicto. La auténtica libertad se encuentra fuera de las pantallas, fuera del 'qué dirán', fuera de los cortocircuitos de los aparatos electrónicos que ahora también conforman nuestra mente.
Tampoco se es más libre por tener una ideología u otra, por pertenecer a este o al otro partido político; por tener más o menos medios económicos: se es libre por respetar al resto, por compartir libremente ideas y contrarestar los fallos del resto con las ventajas de las tuyas y viceversa; se es libre por lo que haces con tus pocos o muchos recursos, y no por lo que escribes que harás en Facebook o Twitter. Se es libre cuando las propias vivencias personales son suficientes, y no necesitamos de la aprobación del resto.
Desde mi humilde punto de vista, pienso que la empatía debería ser el motor que moviese nuestras vidas. Juzgamos sin pararnos a razonar por qué lo hacemos. Criticamos los actos de los demás, como si eso fuese la herramienta que se necesita para cambiar el mundo, o para dejar que las injusticias dejen de pasar. Nos llevamos una mano a la cabeza y otra a la boca para callar un suspiro de dolor cada vez que vemos el sufrimiento de familias de otros países a causa de la guerra a través del televisor. Nos quejamos cada vez que un político no va a la cárcel a pesar de ser corrupto. Nos horroriza que haya asesinos libres, y que mientras tanto una madre vaya a la cárcel por robar comida para alimentar a sus hijos.
Ojalá algún día entendamos que nuestra libertad no es la de publicar las atrocidades de este mundo, sino la de actuar para que algún día dejen de suceder. Ojalá pronto comprendamos que no hay nada como ser nosotros mismos, en nuestra esencia y sin ataduras a prejuicios, el motor que el mundo necesita para cambiar de una vez las cosas.
Cambia tu forma de pensar,
y cambiarás tu mundo. - Norman Vincent Peale.
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